Qué estropea los materiales en la costa

Son cuatro agentes que actúan juntos. El primero es la sal: se deposita con la brisa, atrae la humedad del aire y mantiene las superficies metálicas húmedas mucho más tiempo, que es justo lo que necesita la corrosión para avanzar. El segundo es la radiación solar, que degrada plásticos, barnices y tejidos, y decolora todo lo que no está preparado para ella.

El tercero es la humedad ambiental, alta durante buena parte del año, que hincha maderas y tableros y favorece el moho en espacios mal ventilados. Y el cuarto, los cambios de temperatura entre el día y la noche y entre el sol y la sombra, que dilatan y contraen los materiales y acaban abriendo juntas y fisuras.

La intensidad depende de la distancia y de la exposición. En primera línea, y sobre todo en fachadas y terrazas orientadas al mar, el efecto es máximo. Unos cientos de metros tierra adentro, o al abrigo de otros edificios, se reduce de forma apreciable, aunque no desaparece. Por eso conviene decidir los materiales zona por zona: no necesita lo mismo una terraza abierta al mar que un patio interior.

Metales y herrajes: dónde empieza la corrosión

El metal es lo primero que delata un material mal elegido. En acero inoxidable hay dos calidades habituales, y la diferencia importa. La más común resiste bien en interiores y en ambientes secos, pero en la costa acaba mostrando picaduras y manchas de óxido. La calidad llamada marina, conocida como AISI 316, incorpora molibdeno, que mejora su resistencia frente a los cloruros de la sal. Es la que debe pedirse en barandillas, tornillería, bisagras, griferías de exterior y cualquier pieza expuesta.

El aluminio no se oxida como el acero, pero necesita protección. El anodizado y el lacado de calidad, aplicados con el espesor adecuado, lo hacen muy duradero. Los lacados pobres se ampollan y se levantan en pocos años, empezando por los cantos y las uniones. El latón y el bronce desarrollan una pátina que los protege y que forma parte de su aspecto.

Lo que conviene evitar son los metales con recubrimientos finos: cromados de baja calidad, aceros pintados sin tratamiento previo y herrajes de aleaciones baratas. El problema rara vez está en la pieza grande, y casi siempre en la pequeña: un tornillo, una bisagra o una rueda de calidad inferior al resto arruina un mueble entero. En la costa, la calidad de un producto se mide por su herraje más modesto.

Suelos y revestimientos para terrazas e interiores

En terrazas y zonas de piscina, el porcelánico es el pavimento que menos problemas da: no absorbe agua, no le afecta la sal y no pierde color con el sol. Lo importante es elegir un acabado antideslizante adecuado para exterior, porque una terraza mojada resbala tanto como una ducha. Los criterios se explican al hablar del pavimento porcelánico antideslizante para exterior.

La piedra natural funciona bien si se elige la adecuada. Las más compactas, como el granito y algunas calizas densas, aguantan. Las muy porosas absorben sal y humedad, se manchan y pueden deshacerse en superficie con los años. En cualquier caso necesitan un tratamiento de protección que se renueva periódicamente.

La madera en exterior exige especies tropicales estables, como la teca o el ipé, y aceptar que, sin mantenimiento, viran a un gris plateado. Quien quiera conservar el tono original debe aplicar aceite cada temporada. Los tableros compuestos de madera y resina reducen ese mantenimiento, aunque los de color oscuro se calientan mucho al sol. En fachadas y paredes exteriores, los revestimientos cerámicos y los morteros específicos resisten mejor que una pintura convencional, que en primera línea obliga a repintar con frecuencia.

Ceramica Agora Colorker

Mobiliario y tejidos de exterior que aguantan

Los muebles de exterior son lo que más castigo recibe, porque pasan todo el año a la intemperie. Las estructuras que mejor resisten son las de aluminio con lacado de calidad, las de teca maciza y las de acero inoxidable marino. Las fibras sintéticas trenzadas y las cuerdas técnicas han sustituido al mimbre y al ratán naturales, que en exterior se deterioran rápido.

En los tejidos, la clave es el tintado en masa: el color forma parte de la fibra en lugar de aplicarse sobre ella, de modo que el sol no lo decolora. Los tejidos acrílicos de exterior con ese proceso resisten además el moho y se limpian con facilidad. El relleno importa tanto como la funda. Las espumas de secado rápido dejan pasar el agua y se secan en horas, mientras que una espuma convencional se queda empapada y acaba oliendo a humedad.

Firmas como Kettal, Vondom o Dedon diseñan sus colecciones para este uso y lo indican en sus fichas. Lo mismo vale para las cocinas exteriores y las barbacoas, donde el acero de la estructura, los quemadores y las bisagras están permanentemente expuestos. Y un consejo de uso que alarga la vida de todo: aclarar con agua dulce de vez en cuando elimina la sal depositada, que es la causa del daño.

Sofá contemporáneo RIVA – Kettal

El interior también sufre: humedad y viviendas cerradas

Dentro de casa no llega el salitre con la misma fuerza, pero sí la humedad, y afecta sobre todo a las viviendas que pasan temporadas cerradas. Sin ventilación, la humedad se acumula y aparece el moho en armarios, tapicerías y juntas. Conviene dejar previstos sistemas de ventilación que funcionen sin nadie en casa, y elegir mobiliario que tolere esas condiciones.

En carpintería y muebles, los tableros hidrófugos y los lacados de calidad resisten mejor que las chapas naturales finas, que pueden despegarse. Las tapicerías de fibras naturales delicadas, como la seda o algunos linos, sufren con el sol que entra por los ventanales. Existen tejidos de interior con protección frente a la luz que mantienen el aspecto natural. Los herrajes de armarios y cajones cercanos a terrazas abiertas agradecen también una calidad superior.

Los grandes ventanales, tan propios de estas viviendas, exponen suelos y muebles a muchas horas de sol. Un vidrio con control solar y una buena protección exterior evitan la decoloración y, de paso, el exceso de calor, como se detalla al ver cómo mantener la casa fresca en verano. El error más común es amueblar una casa de costa con los mismos criterios que un piso de ciudad: lo que falla no se ve el primer año, se ve al tercero.