Qué estropea los muebles de exterior en invierno

En un clima de inviernos suaves, el enemigo principal es la humedad persistente. El agua de lluvia que se acumula en un asiento, en una junta o bajo una funda mal colocada tarda días en evaporarse cuando las temperaturas son bajas y hay pocas horas de sol. Ese tiempo de mojado es el que oscurece la madera, hace aparecer moho en los tejidos y pone a prueba los recubrimientos de los metales.

El segundo factor es la sal. Cerca del mar, la brisa deposita salitre durante todo el año, pero en verano los muebles se usan, se mueven y se aclaran. En invierno pasan meses sin que nadie los toque, y la sal, que retiene humedad, actúa sin interrupción sobre tornillos, bisagras y bastidores. Es el mismo proceso que condiciona todos los materiales de una casa cerca del mar.

El tercero es el viento. Los temporales de invierno vuelcan sombrillas, arrastran sillas ligeras y convierten una funda suelta en una vela que roza el acabado hasta marcarlo. Y el cuarto, la suciedad orgánica: hojas, polen y tierra que se quedan sobre las superficies, retienen agua y dejan manchas difíciles de quitar en primavera. Ninguno de estos daños es inmediato, y por eso pasan inadvertidos hasta que se destapa la terraza.

Sofá contemporáneo Liz – Expormim

Limpieza antes de cubrir, material por material

Cubrir un mueble sucio es conservar la suciedad en un ambiente húmedo durante meses, de modo que la limpieza es el paso que más importa. El criterio general sirve para casi todo: agua dulce, jabón neutro, un cepillo suave o una esponja, aclarado abundante y secado completo antes de tapar. Los productos abrasivos, la lejía y el agua a presión muy cerca de la superficie hacen más daño que la suciedad.

El aluminio lacado se limpia con agua jabonosa y se revisa en los cantos y las uniones, donde un golpe puede haber abierto el lacado. La teca y otras maderas tropicales se cepillan en el sentido de la veta. Quien quiera conservar su tono original aplica aceite o protector con la madera limpia y seca, y quien prefiera el gris plateado que adquiere con el tiempo no necesita hacer nada más. Las fibras sintéticas trenzadas y las cuerdas acumulan polvo en el tejido y agradecen un cepillado y un buen aclarado.

En el acero inoxidable, lo importante es eliminar la sal y cualquier punto de óxido superficial antes de que avance. Y en todos los muebles conviene comprobar los drenajes: las patas tubulares, los bastidores y las bases de sombrilla tienen orificios para que salga el agua, y si están obstruidos, el agua se queda dentro. Lo mismo vale para barbacoas y cocinas exteriores, que además deben quedar sin restos de grasa y con el gas cerrado.

Mesa de comedor contemporánea CALVI – Fermob

Fundas: cuándo ayudan y cuándo perjudican

Una buena funda protege de la lluvia, del polvo y de los excrementos de las aves, y reduce el trabajo de primavera. Una mala funda es peor que no poner ninguna. La diferencia está en la transpiración. Las fundas de tejido técnico impermeable y transpirable, a menudo con rejillas de ventilación, dejan salir la humedad que se condensa debajo. Un plástico cerrado la atrapa, y el mueble pasa el invierno en un ambiente saturado, que es justo lo que se quería evitar.

La forma también cuenta. La funda debe ajustarse al mueble sin llegar al suelo, para que el aire circule por debajo, y sujetarse con cintas o cordones, de modo que el viento no la levante ni la haga rozar. Conviene evitar que se formen bolsas de agua en la parte superior: un objeto que eleve el centro, o las propias varillas que incluyen algunas fundas, hacen que el agua escurra. Muchos fabricantes ofrecen fundas a medida para sus colecciones, y son las que mejor ajustan.

No todo necesita funda. Una mesa de aluminio o un sillón de fibra sintética bajo un porche cubierto están suficientemente protegidos. La funda tiene más sentido en las piezas expuestas a la lluvia directa, en las de madera, en los muebles con tapicería fija y en un sofá de exterior cuya estructura lleva cinchas o tejidos que tardan en secar.

Cojines, colchonetas y textiles

Los textiles son la parte más delicada. Los tejidos de exterior de calidad resisten el sol y repelen el agua, pero el relleno de un cojín que se guarda húmedo, o que pasa semanas mojado, acaba con moho y olor por bueno que sea el tejido. La regla es simple: los cojines y las colchonetas pasan el invierno a cubierto, y se guardan completamente secos.

Antes de guardarlos conviene limpiarlos. Las fundas desenfundables se lavan siguiendo las indicaciones de la etiqueta, y las fijas se limpian con agua jabonosa y un cepillo suave, con aclarado y secado al aire. Guardar un cojín con una mancha de crema solar o de comida es darle seis meses para fijarse.

El lugar ideal es un espacio seco y ventilado: un trastero, un garaje o un arcón de exterior con ventilación. Es mejor colocarlos de pie o apilados sin comprimir que aplastados en una bolsa hermética, donde cualquier resto de humedad queda encerrado. Las bolsas de tejido transpirable son preferibles a las de plástico. Sombrillas, toldos de vela y alfombras de exterior siguen la misma lógica: limpios, secos, plegados o enrollados y a cubierto. Una sombrilla que se guarda mojada dentro de su funda es uno de los daños más comunes del invierno.

Tumbona contemporánea LANDSCAPE ALU – Andreu World

Qué puede quedarse fuera y errores frecuentes

Pueden pasar el invierno fuera, sin más cuidado que la limpieza, las estructuras de aluminio lacado de calidad, el acero inoxidable de grado marino, la teca maciza, las fibras sintéticas y las piezas de polietileno. Están diseñadas para ello. Lo que conviene resguardar, si hay sitio, son las piezas ligeras que el viento puede arrastrar, los muebles plegables, los que tienen mecanismos y todo lo tapizado.

Entre los errores, el primero es tapar sin limpiar ni secar. El segundo, usar un plástico de obra o una lona sin ventilación. El tercero, dejar las fundas sueltas o apoyadas en el suelo. El cuarto, apilar muebles mojados unos sobre otros en un rincón, donde no se secan. Y el quinto, olvidarse de ellos hasta la primavera: después de cada temporal conviene comprobar que las fundas siguen en su sitio y que no hay agua embalsada.

El invierno es además el mejor momento para revisar. Tornillos flojos, deslizadores gastados en las patas, cinchas dadas de sí o un lacado saltado se reparan con calma ahora y evitan problemas mayores. Y si alguna pieza ha llegado al final de su vida, es buena época para ver con tiempo las colecciones de muebles de exterior y decidir sin la prisa de los primeros días de calor.