Las cuatro pruebas de una encimera de cocina

La primera prueba es el calor. En una cocina se apoyan ollas, bandejas de horno y sartenes, y no siempre hay un salvamanteles a mano. Hay materiales a los que una sartén caliente no les afecta y otros en los que deja una marca permanente. La segunda son las manchas, que dependen de la porosidad: un material poroso absorbe el aceite, el vino o el café, y uno compacto no. También cuentan los ácidos, como el limón y el vinagre, que atacan algunas piedras aunque no las manchen.

La tercera prueba es mecánica y tiene dos partes distintas. Una es el rayado, por los cuchillos y por la base de los utensilios. Otra, el impacto: una olla que se escapa de las manos y golpea el canto o el borde del fregadero. Hay materiales muy duros frente al rayado que son frágiles frente al golpe.

La cuarta es el mantenimiento a largo plazo: si la superficie necesita sellarse cada cierto tiempo, si las juntas entre piezas se notan y se ensucian, y si un daño se puede reparar. Con estas cuatro pruebas delante, la oferta de encimeras de cocina se ordena sola, y cada casa puede ver cuál de los defectos le resulta más llevadero.

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Porcelánico y piedra sinterizada

Las encimeras porcelánicas y de piedra sinterizada se fabrican con minerales compactados y cocidos a temperaturas muy altas, por encima de los 1.200 grados, sin resinas. De ahí salen sus dos grandes virtudes. No les afecta el calor de la cocina, de modo que se puede apoyar una olla recién retirada del fuego, y su superficie es prácticamente impermeable, por lo que no se mancha ni necesita sellado. También resisten bien el rayado y los rayos del sol, lo que las hace válidas para cocinas con mucha luz natural y para exteriores.

Su punto débil es el impacto en los cantos. Al ser un material muy duro y rígido, un golpe seco en el borde, sobre todo junto al fregadero o la placa, puede desportillarlo, y la reparación se nota. Los cantos ligeramente redondeados o biselados reducen el riesgo.

Otra particularidad es que, en muchos modelos, el dibujo está solo en la superficie. Al cortar la pieza, el canto no muestra la misma veta, y hay que resolverlo con un ingletado o con un canto de otro acabado. Algunos fabricantes ofrecen colecciones con la veta en toda la masa. Se fabrican en placas de gran tamaño, lo que permite encimeras e islas sin juntas, y en varios grosores. Firmas como Inalco trabajan este material para encimeras además de para pavimentos y revestimientos.

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Cuarzo compacto: resistente a los golpes, sensible al calor

El cuarzo compacto es un aglomerado: en torno a nueve décimas partes de cuarzo natural triturado, unidas con resina y pigmentos. La resina es lo que explica tanto sus ventajas como su límite. Le da cierta elasticidad, de modo que soporta los golpes mucho mejor que una pieza cerámica, y cierra los poros, así que apenas se mancha y no necesita sellado. El color es uniforme en toda la masa, los cantos quedan idénticos a la superficie y las reparaciones pequeñas se disimulan bien.

Su punto débil es el calor. La resina no soporta las temperaturas de una sartén recién retirada del fuego, que superan con facilidad los 200 grados, y el contacto directo puede dejar una marca amarillenta o un cerco que no se elimina. No es un defecto de fabricación, es una característica del material, y obliga a usar siempre salvamanteles o una tabla. Tampoco se lleva bien con el sol directo continuado, que puede alterar el color con los años, por lo que no es la opción indicada para una cocina exterior.

Para quien cocina con cuidado y valora la resistencia a los golpes, una superficie continua y un mantenimiento mínimo, sigue siendo una elección muy razonable. Para quien deja las cazuelas donde caen, no lo es.

Granito, mármol, madera y acero

El granito es la piedra natural más sufrida. Soporta el calor, es muy duro frente al rayado y resiste los golpes mejor que el porcelánico. Es algo poroso, de modo que necesita un sellado que se renueva cada cierto tiempo, más a menudo en los tonos claros. Cada pieza es distinta, lo que para unos es su mayor atractivo y para otros un inconveniente, y conviene elegir la tabla concreta que se va a instalar.

El mármol es otra historia. Es más blando, se raya, y los ácidos lo atacan: una gota de limón o de vinagre deja una marca mate aunque se limpie enseguida. Quien lo elige para la cocina debe aceptar que adquirirá huellas de uso, una pátina que en algunas casas se aprecia y en otras se sufre.

La madera maciza es cálida y se puede lijar y renovar tantas veces como haga falta, pero necesita aceite periódico y no tolera el agua estancada, sobre todo alrededor del fregadero. El acero inoxidable, propio de las cocinas profesionales, resiste el calor, no se mancha y es el más higiénico, a cambio de rayarse desde el primer día y mostrar las huellas. Y los laminados de alta presión son la opción más económica y ligera, con una resistencia razonable y el límite de los cantos y las juntas, por donde puede entrar la humedad.

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Grosor, cantos, fregadero y errores al elegir

El grosor es hoy sobre todo una decisión estética. Las encimeras finas, de unos 12 milímetros, dan una imagen ligera, y las de 20 o más, una más contundente. También se puede simular un gran espesor con un faldón ingletado. Lo que importa es que el mueble y los apoyos estén dimensionados para el material, especialmente en los vuelos de una barra o una isla.

El fregadero condiciona el resultado. Instalado bajo encimera, deja el canto del material a la vista y expuesto a los golpes, por lo que exige un material que los soporte o un canto bien rematado. Enrasado o sobre encimera, lo protege. Algunos materiales permiten fabricar el fregadero integrado en la misma pieza, sin juntas. Conviene decidirlo junto con la elección de fregaderos y griferías, y no después.

Entre los errores, el más común es elegir por una muestra pequeña: una veta que en diez centímetros parece discreta puede resultar excesiva en una isla de tres metros. El segundo, no preguntar dónde irán las juntas. El tercero, olvidar que en las cocinas abiertas al salón la encimera se ve desde el sofá y forma parte de la decoración.

Y el cuarto, decidirla aislada del resto. El frente, la encimera, el suelo y los electrodomésticos se ven juntos, y por eso en las cocinas completas se proyectan a la vez.